NUESTRA HISTORIA

El Comedor Balcarce se remonta al año 1961, cuando la familia Santarelli decide dejar su chabas natal para instalarse en Rosario. “Unos amigos que eran de Chabás, tenían un bar en San Lorenzo y Presidente Roca y lo convencieron a mi papá de que se viniera para Rosario”, recuerda Eduardo, hijo de Segundo Santarelli y Gisella Buttus.


Apenas inició su actividad, el local era almacén y despacho de bebidas y el negocio andaba sobre rieles en una zona de puerto y ferrocarril. Con el tiempo, los clientes del almacén empezaron a preguntar: “Che Segundino, ¿por qué no me haces una costeleta?” y así fue como el almacén comenzó a convivir con un comedor, hasta que en el 66, el emprendimiento viró en su totalidad hacia lo gastronómico y el mostrador de estaño pasó a funcionar exclusivamente para servir platos de comida.

En 1969, El Comedor Balcarce vivió uno de sus primeros auges. En medio de una revuelta de estudiantes –que luego se conoció como El Rosariazo- el comedor de la Universidad Nacional de Rosario fue cerrado por razones políticas, sus clientes mudaron sus costumbres al comedor de Balcarce y Brown.


“Hemos recibido estudiantes de todas partes del país, que inclusive ahora vienen con los hijos, que son quienes estudian en Rosario”, relata el Cuqui, desempolvando anécdotas, como aquella en la que cuenta que sus padres le salieron de garantía a un estudiante de arquitectura que se había recibido y que no podía alquilar por no conocer a nadie con propiedades en Rosario. “Mis padres eran muy buenos.


El mundo cambió, en ese momento había otro trato. Mi viejo vino del campo y no tenía más que segundo grado y era una persona muy buena que confiaba mucho en la gente”, agrega Eduardo, mientras se acomoda el pelo, totalmente blanco y se acuerda de cuando terminó de estudiar tornería mecánica y decidió quedarse en el negocio familiar para ayudar a los padres.